Exposición de Henri Cartier-Bresson

Foto de portada de la exposición Heri Cartier-Bresson

Foto de portada de la exposición Heri Cartier-Bresson

Un poco mas y me quedo sin visitar la más completa exposición de obras que han pasado por nuestro país, de uno de los hombre más influyentes en la historia de la fotografía, el gran maestro Henri Cartier-Breson. Tuve la suerte de poder visitarla ayer sábado, día 6 de septiembre, el penúltimo día, en la sala que la Fundación Mapfre tiene en el Paseo de Recoletos de Madrid y donde la exposición ha estado abierta desde el pasado 28 de junio.

Como digo la exposición es completísima, según me dijeron, y me lo creo aunque, no las conté, estába compuesta por más de 500 obras, abarcando todas las etapas de la vida de Cartier-Bresson desde sus inicios, sus pinitos en el mundo del dibujo y la pintura, su época surrealista, la aventura con la agencia Magnum, de la que como es sabido fue cofundador, y terminando con su últimas obras, liberado ya de la presión y exigencias de las agencias de reportajes. En la exposición pueden verse también algunos fragmentos de los cortos y películas en los que intervino, para dejar constancia de su incursión en el séptimo arte.

Ver una exposición de estas características es casi agotador, casi se echa en falta que dejen pasar bocadillos, pues sin entretenerse demasiado muy bien se van tres horas. Y es que claro estamos viendo prácticamente todas las obras de su vida. Las más emblemáticas y conocidas por todos, otras menos conocidas, y otras totalmente desconocidas. A las primeras tienes que dedicarle su tiempo, pues no es lo mismo haberlas visto en una pantalla, o con suerte en un libro o revista, que en una reproducción auténtica en gelatina de plata. Y  las últimas, las menos conocidas, te llevan más tiempo aún, pues te sorprenden aún más al no tener un conocimiento previo de ellas y querer indagar en los propósitos y significados de la composición. Aunque como ya sabemos él decía que su composición se basaba en el azar, que él jamás calculaba, vislumbraba una estructura y esperaba a que pasara algo en su interior. Ya se sabe, licencias de los genios.

En cuanto a la presentación de la exposición, me pareció muy cuidada. Con las paredes en un tono neutro, seguramente próximo al gris neutro 18%. Y pondría dos pegas, una que le pongo a casi todas las exposiciones: el no aprovechar esas grandes etiquetas que acompañan a las obras para dar algo más de información sobre la misma, que en la mayoría de los casos se limita a indicar el autor (ya conocido) y el tipo de papel (que en este caso, en el 99% de las obras es gelatina de plata), y si acaso el título, pero nada más. La iluminación era correcta, y apenas  se producían reflejos en las imágenes, pero aquí va mi otro reproche, correcta, pero escasa, sobre todo para las obras de menor tamaño y que hay más dificultad para verlas. Al fin y al cabo se trata de reproducciones, aunque originales, pero reproducciones, no estamos hablando de obras irrepetibles, a las que tengamos que proteger de la luz de una manera extrema para asegurar su durabilidad.

Por lo demás me siento muy satisfecho de haber podido disfrutar de esta gran exposición y espero que vosotros también lo hayáis hecho, pues como comentaba, ya es un poco tarde para recomendar su visita, aunque quién sabe, quizás vaya a alguna otra ciudad española, sería lo suyo.

 

 

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