Alguien ha matado un árbol, el asesino anda suelto (como diría Miguel Gila)

El almendro

Hace 19 años utilice esta foto, en su versión en color, para realizar unos marcapáginas que entregamos como regalo en la comunión de mi hija. A la foto le acompañaba un texto que decía:

“Lo más valioso no es lo que tengas en la vida, sino que tienes vida”.

Pues bien hace unas semanas alguien, algún Homo sapiens sapiens, o lo que es lo mismo, según la etimología, un hombre que sabe y que sabe que sabe, decidió que este almendro ya había vivido lo suficiente, y acabo con su vida sacando de las entrañas de la tierra unas raíces que durante tantos años habían alimentado sus ramas, hojas, flores y frutos, para darnos sombra, cobijo, alimento, salud, oxigeno, agua, tranquilidad, paz, momentos de contemplación….

Hace 19 años este era ya un almendro portentoso, que se alzaba con orgullo al lado de una vieja noria, que en sus primeros años le aseguró el agua suficiente para crecer sano y robusto, para asegurarle una larga vida, y convertirse en lo que fue de adulto, uno de los más magníficos ejemplares de almendros que podían verse en todo nuestro entorno.

Consciente de que algún día no muy lejano, acabaría como ha acabado, lo he fotografiado de todas las formas y en todas la épocas posibles: en invierno con sus ramas adormecidas haciendo juegos arabescos contra el azul del cielo y a veces como queriendo construir graciosas formas con las nubes. En primavera, todo de blanco, con sus flores como copos de nieve, y que nos regalaba un delicado olor a miel casi hipnotizante, para más tarde, ya en verano resaltar con el verdor de sus puntiagudas hojas verdes conocidas por sus numerosos efectos curativos. Y luego, en otoño cuando dejaba caer su fruto con ese recubrimiento leñoso, a modo de envoltorio para proteger algo muy preciado.

No, el almendro no era mío, ni el terreno en el que estaba, ni creo conocer a su dueño, si es que los seres vivos tienen dueño. Yo simplemente disfrutaba de él, de su presencia, y seguro que quien lo ha arrancado tendría sus motivos para haberlo. Pero siempre ante estos hechos no dejo de hacerme las mismas preguntas. ¿Por qué los seres humanos nos creemos dueños de todo el resto de los seres vivos? ¿El resto de los seres vivos no tienen derechos? ¿Un árbol no es un ser vivo? ¿La propiedad privada está por encima de todos los derechos?

La imagen que pongo hoy es una cianotipia realizada ayer mismo, y corresponde a la imagen que aparecía en aquel recordatorio de una comunión, para que hoy valga de recordatorio de su propia existencia. Cianotipia sobre papel Canson Montval Torchon 25X36 cms. Teñida con café..

Compartir

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.