El Ruido y la Furia (Exposición fotográfica de Pablo Genoves)

Reproducción de una Invitación de la Exposición "El ruido y la Furia"

Reproducción de una Invitación de la Exposición «El ruido y la Furia»

A principio de mes estuvimos visitando (y digo estuvimos porque fue un viaje en familia) la magnífica exposición de Pablo Genovés en la Sala del Canal de Isabel II, y que estará abierta hasta el 22 de marzo. No puedo hacer mejor comentario de la exposición que el realizado por mi hija María Alcázar Soria, estudiante de cuarto curso de historia del arte, y que incluyo a continuación íntegramente:

María Alcázar Soria. Historia de la crítica del arte.

PABLO GENOVÉS

EL RUIDO Y LA FURIA. Obras del 2009-2014

De origen madrileño (1959), Pablo Genovés es un fotógrafo que inicio su carrera como artista en la década de los 90, fecha desde la cual a trabajo de manera incesante entre sus dos ciudades predilectas, Madrid y Berlín.  Durante toda su trayectoria ha explorado mediante penetrantes imágenes el concepto de realidad y memoria, empleando para ello un lenguaje propio que ha supuesto una profunda innovación formal y discursiva de los medios digitales.

La exposición, “El ruido y la furia”, donde se expone una selección de sus obras entre 2009 y 2014, parte de la predisposición del espectador como  complemento inexorable que completa y da sentido al discurso de su obra.  El visitante se transforma en un personaje más dentro de su obra,  disposición que el artista busca desde sus más antiguos trabajos pero que termina de eclosionar hasta sus series aquí expuestas: Precipitados (2008-2011), Cronología del ruido (2011-2012) y Antropoceno (2012-2014).

La selección de obras entre estas series ha corrido cargo de Alicia Murría, comisaria de la exposición, para la cual ha sido necesario el préstamo de algunas de ellas por diversas entidades y coleccionistas particulares entre los que se encuentran: la colección de arte de la Fundación Coca-Cola, Colección Leticia Torres-Solanot,  Colección Germán Olarte, Colección Sabater-López, Colección Carlota Abril, Colección Julián Castilla, Nueva Colección de Pilar Citoler, Galería Pilar Serra (Madrid), Galería Marlboroguh (Madrid), Galería Art Nueve (Murcia) y la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo.

La muestra se expone desde el 16 de diciembre de 2014 en la Sala Canal Isabel II (Madrid), donde permanecerá hasta el 22 de marzo del año siguiente. Organizada por la Conserjería de Empleo, Turismo y Cultura y la Dirección General de Bellas Artes, su entrada es gratuita y se ofrece la posibilidad de realizar visitas guiadas previa inscripción.

El espacio de la Sala Canal Isabel II consiste en una rehabilitación como sala de exposiciones, llevada a cabo por los arquitectos Javier Alau y  Antonio Lopera, de lo que fue el antiguo depósito de agua en la calle Santa Engracia. La sala constituye hoy un espacio de referencia nacional e internacional en el mundo de la fotografía y la imagen, acogiendo de manera exclusiva obras contemporánea fotográfica o audiovisual. Distribuido en cuatro plantas, la última se destina a una sala de proyecciones, que ha motivado al artista a exponer aquí su primer trabajo en el campo del video: Otra vida, otro lugar.

Tras cruzar la puerta de acceso a la exposición,  en una antesala con una luz intermedia se nos aconseja esperar unos segundos para acomodar la vista antes de pasar al espacio que alberga la muestra, encontrándose este con una tenue luz que da un extraordinario protagonismo a la obra fotográfica iluminada con focos cenitales concentrados e independiente. Desde el comienzo, el recurso de la propia luz transmite al visitante una sensación de teatralidad y der ser partícipe del proyecto, de adentrarse en “otro mundo”, otro mundo de tiempo desconocido, perdiendo la noción de lo que ha sido y lo que puede ser.

Esta idea de negación-reafirmación del tiempo es consecuencia de la narrativa de las imágenes de Genovés, quién,  en unas descripción a grandes rasgos, focaliza su obra en la presentación de grandes espacios arquitectónicos relacionados con la cultura (ya sean teatros, bibliotecas, museos) y espacios religiosos que aparecen anegados por la furia de la naturaleza, por el mar embravecido, petrificados por los glaciales, ennegrecidos por el polvo y ocultos bajo escombros que gritan la indomable ira de la tierra que parece querer vengarse.

Los dos primeros niveles, planta baja y primera, albergan piezas de la serie  Precipitados (2008-2011), como el resto de la exposición, consisten en fotografías en blanco y negro donde algunas se acercan a la gama de los sepias. Como excepción, en la planta baja encontramos  un par de piezas que simulan ser fotografías antiguas en blanco y negro pero acuareladas en su tratamiento. Son todas ellas piezas de gran formato de entre 140×180 cm las más grandes y  65×52 cm las menores, aunque no son de formato único y cada uno presenta una medida y proporción dispar. En la selección de los primeros niveles de la exposición se muestran espacios sucumbidos, sobre todo, por las aguas y los glaciales. En la planta segunda se muestra esta misma serie, Precipitados, pero seleccionando espacios dominados por humaredas y nubes de polvo y algunas piezas de la serie Cronología del ruido (2011-2012), donde las escenas aparecen con abultadas maquinarias entre escombros, mostrando las entrañas de las anegadas arquitecturas. Esta misma serie continua en la tercera planta, la que se completa con tan solo un par de ejemplares de su última y más reciente serie Antropoceno (2012-2014) que, a diferencia de las anteriores, muestra planos detalles de, sobre todo, muestras pictóricas que aparecen sumergidas en el agua tras, lo que se intuye, ha sido una escena devastadora de la naturaleza.

Así, conforme ascendemos se completa una secuencia narrativa en la que las primeras imágenes nos han enseñado la devastación de ríos desbordados, tsunamis, terremotos o bombardeos para concluir con aquellas piezas que testifican el paso del desastre mediante la presencia de barro, piedras, escombros, desconchados…

Las imágenes se componen de antiguas fotografías, reales en algunos casos y otras que más bien parecen simularlo,  de imponentes espacios arquitectónicos, asociados al poder económico, ideológico, religioso y cultural,  a los que el autor, mediante el tratamiento digital de la imagen, ha superpuesto los elementos de devastación comentados.

Esa idea de fotografía antigua queda vislumbrada en la técnica por la presencia de mucho grano en la imagen sobre todo, además de escasez de contraste en los claro-oscuros con zonas de la imagen muy claras, mostrando la impresión un aspecto papel fotográfico antiguo que revela el paso del tiempo sobre él, narrando la imagen no solo el momento de su desastre si no el tiempo que transcurre, o que transcurrirá,  desde entonces.

Fotografías antiguas de aspecto descuidado, en las que no se ha buscado un encuadre perfecto, muestran líneas de horizonte torcidas y donde el tratamiento de la luz brilla por su ausencia al no mostrar una gama completa de grises, con ausencia de zonas oscuras y zonas incluso quemadas.

La aportación digital consiste en la superposición de los elementos de devastación descritos, aportación muy efectivista, que consigue engañarnos y transportarnos a la catástrofe. La elección del motivo devastador se compagina y mimetiza con el espacio elegido, casi como si fuese la arquitectura la que eligiese su propia catástrofe y balanceándose el resultado final entre la teatralidad y la realidad más desesperante.

Con todo lo analizado, las carencias técnicas-estéticas de lo que, se sobreentiende, es la fotografía antigua, quedan remarcadas por la impresión de la imagen en gran formato, lo que nos conduce a pensar que es un aspecto intencionado. ¿Quiere el artista destacar la antigüedad de la imagen? como así parece, ante la imagen, el espectador experimenta la sensación de contemplar algo que ya ha sucedido, que forma parte del pasado, pero sabemos a la vez que los sucesos que narran no han acontecido aún,  sucesos que además vinculamos y asociamos de manera inmediata a los peligros del futuro (la devastación del cambio climático, nuevos acontecimientos bélicos…). El pasado se funde con el futuro, perdemos la noción de que fue, que ha sido y que podrá ser. Juega así la imagen con sentimientos encontrados: lastima ante lo que aconteció, miedo hacía lo que puede acontecer y una responsabilidad presente atemporal para palia lo que fue o evitar lo que será.

El impacto, la potencia de la imagen, hacen mella en el espectador, quién se sumerge de manera irremediable en una historia sin saber si es suya o no. Quizás no conozcamos el espacio representado, de hecho ni siquiera el artista revela la ubicación, pero sabemos que son edificios que representan el poder económico, social y cultural, lo que nos lleva a asociarlos a modelos conocidos y sentirnos parte del aparato identitario.

La escena se apodera de nosotros y despierta un terror interno del que no podemos huir, que nos conduce a una inmediata reflexión, lo que es posible porque, paradójicamente, sentimos miedo pero sabemos que no es real.  La belleza de la devastación solo es posible si la vemos desde fuera.  Esta reflexión corre paralela a la idea romántica de origen kantiano del sublime dinámico, permitiéndonos hacer una comparación del sentimiento del espectador con lo que experimentaron aquellos que contemplaron el Volcán en erupción de Voltaire, el Naufragio de Turner o El Gran día de su ira de John Martín.

Pero como ya adelantamos, son imágenes efectivista pero con un componente de velocidad en la captura de la imagen.  Elementos desenfocados, perspectivas torcidas, etc. en su base de antigua fotografía, inciden de manera incesante algunas características muy cercanas al fotoperiodismo, como si quien tomó o tomará esas fotos se encontrase ante esa situación de peligro y no se detuviera en la estética final de la imagen si no en la aportación de información de la imagen como testigo. El oxímoron de esta idea residiría en que, si son imágenes por suceder, son el atisbo de lo que está por venir, pues sabemos con certeza que no sucedió, ¿por qué la imagen presenta una estética del pasado?

Tras el visionado de Otra vida, otro lugar, pieza que proyectada cada 8 min  sin interrupción en la última planta, nos podríamos más que reafirmarnos en la aspiración del artista a hacernos sentir en un tiempo sin linealidad y en un espacio sin contenedor.  Desconocemos cuando ha sucedido o sucederá lo que vemos, y nos hace desconocer el tiempo en el que vivimos, dudar de todo y, a la vez,  hacernos participes de la idea, la necesidad de cambio en el comportamiento entre el hombre y la tierra.

La perdida de la noción espacio-tiempo es una constante en la obra del artista, jugando con el concepto de memoria retrotraernos y a la vez anticiparnos. El artista juega con nuestra percepción mediante la oposición de conceptos fotográficos, como son la mezcla de técnicas del pasado con las más innovadoras tecnologías o mediante la oposición entre un supuesto fotoperiodismo del desastre y la recreación del espectador ante la belleza de la imagen. Es un juego entre lo estilístico y su analogía narrativa.  Pero eso sí, un juego que en ocasiones se nos torna aburrido por la incidencia en una misma idea mediante recursos casi gemelos entre algunas de piezas expuestas. Una reiteración de obras muy similares que se presentan unas junto a otras, sobre todo de su serie Precipitados que la comisaria podría haber remendado dedicando más espacio a la última idea del discurso expositivo, a la de mostrar los espacios tras el desastre, es decir, seleccionando alguno ejemplo más de su última serie Antropoceno, de la cual a penas si se nos muestra un par de ejemplos que no hacen justicia al resto de piezas con las que comparte secuencia.

No obstante, la exposición plantea de manera eficaz un inquietante debate entre lo fatídico y lo bello, entre el pasado y el futuro, entre lo controlable y lo incontrolable, el debate entre las fuerzas opuesta en la lucha de la relación hombre-naturaleza que nos hacen conscientes de nuestra pequeñez y a la vez de nuestro poder para cambiar el destino. Tristeza ante lo que pudo ser un fatídico final, conciencia de la importancia de vivir el momento que ahora es y  llamamiento al cambio ante lo que pueda ser.

WEBS CONSULTADAS:

–        Pablo Genoves.

–        Fundacioncanal

–        Cadadiaunfotografo

–        Circulo bellas artes

–         Madrid.org

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