Visita a la exposición de Hiroshi Sugimoto.

Lobos de Alaska, 1994, Impresión a la gelatina de plata © Hiroshi Sugimoto

Lobos de Alaska, 1994, Impresión a la gelatina de plata © Hiroshi Sugimoto

Tenía muchas ganas de ver en directo algún trabajo de Hiroshi Sugimoto, pues es un autor al que muchas veces se hace referencia en revistas y libros de fotografía, sobre todo en ensayos y tesis que tratan sobre la experimentación y caminos alternativos de la imagen fotográfica. Y ayer tuve la oportunidad de hacerlo gracias a la exposición que sobre este autor nos presenta la Fundación Maphre en su sala de la calle Recoletos de Madrid.

Para quien no lo conozca, Hiroshi Sugimoto, es un fotógrafo japonés, nacido en Tokio en 1948, aunque afincado desde hace bastante tiempo en Nueva York. Su fotografía podemos calificarla de conceptual y experimental, al mismo tiempo que se caracteriza por una gran habilidad y perfección técnica, conseguida con unos procesos muy minuciosos, que comienzan la mayoría de las veces con tomas en una cámara de gran formato 8×10 y unas larguísimas exposiciones.

La exposición está compuesta de las cinco grandes series de Sugimoto: Seascapes (Paisajes marinos), en la que autor se plantea qué vio el primer ser humano cuando cuando se puso en pie y miró al mar. Protraits (Retratos), fotografías de estudio de personalidades históricas en las que resulta difícil darse cuenta del engaño que esconden, pues se trata de figuras modeladas en cera. Theaters (Cines), fotografias de larga exposición en las que se recoge en un único fotograma una representación o proyección completa de una obra, siendo la iluminación de la pantalla la única que hay en la escena. Dioramas, fotografías de paisajes prehistóricos tomadas la mayoría en el Museo de Historia Natural de Nueva York, pero en las que no se aprecia nada relacionado con la instalación del museo, para dar la impresión de una foto tomada en su entorno natural. Lightining Fields (Campos de relámpagos), serie en la que se muestra los efectos de las descargas eléctricas en una película negativa, produciendo figuras de gran belleza que sugieren paisajes y abstracciones.

Me ha sorprendido de esta exposición el tamaño de las copias, pues siempre  imagine estas obras en un formato pequeño, y todas ellas, sin embargo, están realizadas en un formato gigante de seguramente casi dos metros de lado. Y lo que no me ha sorprendido tanto, y que he podido constatar, es la gran calidad técnica de todas las imágenes, impresas en gelatina de plata y con una riqueza tonal impresionante.

En cuanto a la instalación, como siempre, sigo pensando que esta sala de la fundación Maphre es de las mejores existentes actualmente en Madrid, que ya es decir, para realizar exposiciones fotográficas, con una iluminación supercuidada, yo diría que casi perfecta, que permite contemplar las imágenes con todos sus detalles desde cualquier ángulo, y sin ningún tipo de reflejos, algo que no es tarea fácil si pensamos que, como es el caso, todas las obras están enmarcadas con un cristal parcialmente separado de la imagen.

Los detalles de la exposición, e incluso la posibilidad de una visita virtual los tienes en este enlace de la web de  Mapfre

 

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