Otras miradas – Diario fotográfico 2018 (15/12/2018)

La entrada del diario de hoy, es algo distinta, y es que esta tarde asistía en Daimiel a la inauguración de una exposición pictórica de tres pintores extraordinarios, cada uno con una técnica diferente, pero lo que es más importante, con una mirada diferente: Feliciano Moya, Juan Saturio y Natalka Zhylitska.

La exposición lleva el nombre de “Tres miradas”. Y es que el afán del fotógrafo, como el del pintor, a pesar de tratarse de disciplinas muy distintas, es tratar de mostrar siempre su mirada de las cosas. Su forma de ver el mundo que le rodea.
La exposición es muy recomendable y puede visitarse en la Sala Ferroal durante los meses de Diciembre y Enero, y si lo haces te aconsejo que vayas sin prisa, pues hay gran cantidad de obras, y la mayoría de mucha calidad. Obras en las que recrearse durante un buen rato.

Tengo que añadir, que hoy para variar, fuí sin cámara fotográfica, pero parece que estoy destinado a no poder librarme de este aparato, y un amigo que me encontré allí cubriendo el evento para un reportaje, me pidio el favor que de que le hiciera yo las fotos con su cámara.

Lo cierto que hice algunas fotos clásicas de reportaje, pero no pude evitar hacer algunas de las que a mí me gustan,dando mi propia visión del evento, aunque siendo fiel a la función última de la fotografía ser testimonio de lo que sucede.

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Garry Winogrand me hizo sentir como un niño

dedicado a Garry Winogrand

Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar la exposición dedicada a Garry Winogrand. Uno de los indiscutibles grandes maestros de la fotografía. Y curiosamente, al salir de la misma, no podía contener un instinto compulsivo de fotografiar todo lo que me iba ofreciendo el posterior paseo por las calles de Madrid.

De ahí la foto con la que abro esta entrada del blog, que claro está no es de Garry Winogrand, sino una de las que realice subiendo por la madrileña calle de Alcalá. Y digo en el título que Garry Winogrand me hizo sentir como un niño, porque esa actitud me recordaba a un comportamiento típicamente infantil, cuando los amigos salíamos del cine de ver una película del mítico Bruce Lee, e íbamos por las calles intentando emularlo dando saltos y haciendo llaves de judo o yo no sé de qué, pero en cualquier caso absolutamente ridículas.

Así me sentía yo al observar ese comportamiento después de ver esta exposición. Pero al mismo tiempo, y después de reflexionar, muy agradecido a esta afición: la fotografía, y a autores como Winogrand que me hacen aún aflorar esos sentimientos, esa ilusión por descubrir y realizar cosas nuevas con un aparato tan aparentemente limitado como es, al fin y al cabo, una cámara oscura.

Winogrand ha sido uno de mis referentes fotográficos, pero tengo que confesar, que más que por sus fotografías, que empecé a comprender ya muy tardíamente, por sus pensamientos y su actitud ante la fotografía. No en vano en mi última exposición fotográfica, y en el folleto de presentación utilicé una de sus frases, con la que respondió cuando le preguntaron por qué hacía fotografías. “Para saber cómo se ve el mundo en fotografías”. Una frase que cuando la leí por primera vez hace muchos años me pareció simple y absurda, y que con la reflexión propia de los años, y la experiencia, ahora, creo que encierra todo lo que es el hecho fotográfico en el sentido más profundo.

En cuanto a la exposición hay que decir que ha sido organizada por el San Francisco Museum of Modern Art y la National Gallery of Art de Washington, y que en la sala de la Fundación Mapfre en  la calle Barbara de Braganza tiene una presentación impecable. Si acaso, habría que achacar la falta de datos de las obras, pues en la mayoría de los casos  la etiqueta que las acompaña se limita a indicar la ciudad donde se realizó y la fecha.

Las imágenes de Winogrand no son sencillas de entender, son imágenes que requieren un examen detenido, que hay que leer varias veces para sacarles su contenido, a pesar de que se trata de una fotografía directa, sin artificios, y sin ningún procesamiento. De hecho Winogrand disfrutaba principalmente cuando realizaba la fotografía, olvidando muchas veces el procesado de las mismas. De ahí que en esta exposición se muestres muchas imágenes inéditas, que ni siquiera él llego a ver, pues a su muerte dejó más de 6.500 carretes, unas 250.000 fotografías sin revelar.

Al ver la exposición se me venían a la cabeza muchos de los pensamientos que ya conocía de Winogrand, y no podía sino imaginármelo por esas calles de Nueva York disfrutando como un niño del espectáculo que tenía ante sus ojos. Y es que el mismo dijo en una ocasión:

A veces siento como si (…) el mundo
 fuera un lugar para el que he comprado
una entrada. Un gran espectáculo
 dirigido a mí, como si nada fuera a
 suceder a menos que yo estuviera allí
 con mi cámara“. (Garry Winogrand)

Aún no he dicho que la exposición estará abierta hasta el 3 de mayo, y por supuesto que la recomiendo a todo amante de la fotografía.

Y por si está exposición te parece poco, a la vuelta de la esquina, en la otra sala de la Fundación Mapfre, en el Paseo de Recoletos, y por el mismo precio, es decir gratis, tienes una magnífica exposición de pintura: “El canto del cisne”, que puede visitarse también hasta el 3 de mayo.  Y se trata de pinturas procedentes de Musée D’orsay compuesta por obras que a lo largo del siglo XIX se expusieron en el Salón de París por aquellos artistas denominados académicos, y que se caracterizaban por la vuelta a los grandes géneros de la pintura tradicional: la historia, la mitología, la religión. etc. Siempre con un gusto exquisito, según dictaban las normas más estrictas de la Academia de Bellas Artes de Paris. En ella, podemos disfrutar por lo tanto, de obras muy conocidas de autores como Cabanel, Bouguerau, o Courbet y otras no tanto, pero siempre de una calidad indiscutible.

A poco que te descuides se te pasa bien la mañana entre las dos exposiciones. Con estas oportunidades no podemos decir que el arte esté caro.

Aquí dejo los enlaces a los minisites que Mapfre ha creado para las exposiciones.

garrywinogrand

El canto del cisne

Exposición de Henri Cartier-Bresson

Foto de portada de la exposición Heri Cartier-Bresson

Foto de portada de la exposición Heri Cartier-Bresson

Un poco mas y me quedo sin visitar la más completa exposición de obras que han pasado por nuestro país, de uno de los hombre más influyentes en la historia de la fotografía, el gran maestro Henri Cartier-Breson. Tuve la suerte de poder visitarla ayer sábado, día 6 de septiembre, el penúltimo día, en la sala que la Fundación Mapfre tiene en el Paseo de Recoletos de Madrid y donde la exposición ha estado abierta desde el pasado 28 de junio.

Como digo la exposición es completísima, según me dijeron, y me lo creo aunque, no las conté, estába compuesta por más de 500 obras, abarcando todas las etapas de la vida de Cartier-Bresson desde sus inicios, sus pinitos en el mundo del dibujo y la pintura, su época surrealista, la aventura con la agencia Magnum, de la que como es sabido fue cofundador, y terminando con su últimas obras, liberado ya de la presión y exigencias de las agencias de reportajes. En la exposición pueden verse también algunos fragmentos de los cortos y películas en los que intervino, para dejar constancia de su incursión en el séptimo arte.

Ver una exposición de estas características es casi agotador, casi se echa en falta que dejen pasar bocadillos, pues sin entretenerse demasiado muy bien se van tres horas. Y es que claro estamos viendo prácticamente todas las obras de su vida. Las más emblemáticas y conocidas por todos, otras menos conocidas, y otras totalmente desconocidas. A las primeras tienes que dedicarle su tiempo, pues no es lo mismo haberlas visto en una pantalla, o con suerte en un libro o revista, que en una reproducción auténtica en gelatina de plata. Y  las últimas, las menos conocidas, te llevan más tiempo aún, pues te sorprenden aún más al no tener un conocimiento previo de ellas y querer indagar en los propósitos y significados de la composición. Aunque como ya sabemos él decía que su composición se basaba en el azar, que él jamás calculaba, vislumbraba una estructura y esperaba a que pasara algo en su interior. Ya se sabe, licencias de los genios.

En cuanto a la presentación de la exposición, me pareció muy cuidada. Con las paredes en un tono neutro, seguramente próximo al gris neutro 18%. Y pondría dos pegas, una que le pongo a casi todas las exposiciones: el no aprovechar esas grandes etiquetas que acompañan a las obras para dar algo más de información sobre la misma, que en la mayoría de los casos se limita a indicar el autor (ya conocido) y el tipo de papel (que en este caso, en el 99% de las obras es gelatina de plata), y si acaso el título, pero nada más. La iluminación era correcta, y apenas  se producían reflejos en las imágenes, pero aquí va mi otro reproche, correcta, pero escasa, sobre todo para las obras de menor tamaño y que hay más dificultad para verlas. Al fin y al cabo se trata de reproducciones, aunque originales, pero reproducciones, no estamos hablando de obras irrepetibles, a las que tengamos que proteger de la luz de una manera extrema para asegurar su durabilidad.

Por lo demás me siento muy satisfecho de haber podido disfrutar de esta gran exposición y espero que vosotros también lo hayáis hecho, pues como comentaba, ya es un poco tarde para recomendar su visita, aunque quién sabe, quizás vaya a alguna otra ciudad española, sería lo suyo.

 

 

Inaugurada la exposición “Me das la vida”, de María José Alises

Foto de la presentación

Foto de la presentación

En esta exposición que puede visitarse hasta  el 15 de enero (ver detalles ). María José Alises nos muestra de una forma sincera y sin tapujos su forma de entender la vida y como expresarlo a través del arte. En la exposición podemos ver obras con grafíto, lapices de colores, oleos, acrílicos, etc. y hasta un para de esculturas en bronce. Ella misma resume muy bien el contenido de la exposición en el tríptico de presentación:

“Me arriesgue y ahora estoy presentando una exposición co mis pequeñas  ideas. Sin frivolidades, ni artificios o conceptualismos rebuscados, vistas naturales de unos ojos despejados y llenos de vida de un mundo donde cada vez hace falta más luz.”

Foto de uno de las obras de la exposición

Foto de uno de las obras de la exposición