«Un horizonte falso» de Garcia-Alix

Vista de la imagen de entrada a la Exposición "Un horizonte falso"

Vista de la imagen de entrada a la Exposición «Un horizonte falso»

Ayer, jueves (26/2/2016), aprovechando un viaje a Madrid para recoger fotos de una exposición, y dejar otras para un concurso, en el que he sido preseleccionado. Me di una vuelta por las exposiciones temporales, tanto fotográficas como pictóricas, que en estos momentos hay en la capital. Imposible verlas todas, habrá que volver otro día, pues en estos momentos hay muchas  y de gran interés. Empiezo dando cuenta con una de las que más me impresionaron. Ya iré dando cuenta del resto, en otras entradas.

Se trata de la exposición «Un horizonte falso» de nuestro Premio Nacional de Fotografía Alberto García-Alix. No es la primera exposición suya que veo y que comento. En septiembre de 2014 expuso su colección «Autorretrato» en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aquí está el  enlace a la entrada que hice sobre mi visita.

En este caso, y aunque siempre en su estilo de fotografía intimista y en cierto modo autobiográfica Garcia-Alix nos muestra una serie de imágenes impactantes, como flashes, abstracciones sacadas de sus vivencias, llenas de luces y sombras, y con las que  nos introduce en su universo fotográfico, un universo, que según él, tiene un horizonte falso. Y es que la fotografía estará siempre jugando con esa doble dualidad de la verdad y la ficción. Al fin y al cabo es para lo que ha sido creada, y como diría Fontcuberta no sabe hacer otra cosa que mentir.

Tengo que decir que me encanta Garcia-Alix. Es uno de los fotógrafos para los que la fotografía sigue siendo poesía, el mismo lo dice: «Para mí, la fotografía es poesía visual»; y compromiso «Fotografiar exige un paso al frente. Posicionarse frente a lo que se mira. También mirarse».

Fiel a sí mismo y a su forma de entender la fotografía sigue utilizando exclusivamente la fotografía química, con su Hasselblad de 6×6, que le fuerza a ese formato cuadrado siempre presente en su obra. Y por lo pronto parece que no piensa pasarse a digital pues según manifiesta: «Lo digital es un cuarto de juguetes, es lo que llamo el capitalismo de la imagen, porque falsifica las emociones, y me quita la fe, a mí que soy un eterno  insatisfecho»

La exposición consta de un video y más de ochenta fotografías, por supuesto en blanco y negro, como todas sus fotos. En el video, y a través de su propia voz, nos introduce en los grandes bloques de los  que se compone la exposición: «retratos», «supervivientes y caídos», «motos», …

Pienso que es una de esas exposiciones de imprescindible visita para cualquier amante de la fotografía. Cada una de las fotos te sobrepasa, y podrías quedarte horas sólo con ella, pensando en todo lo que esconde detrás. Y qué decir de la calidad técnica, de esos tonos desde el negro profundo hasta el blanco puro con una gama increíble de grises, con ese grano inigualable de la fotografía química, que los que hemos pasado muchas horas en el laboratorio casi podemos oler. Toda una delicatessen.
Aquí dejo un par de enlaces interesantes sobre la exposición:

Website de la exposición en la página de Tabacalera.

Artículo sobre la exposición en «El Pais».

Reseña de la exposición en el diario 20 minutos.

 

 

Garry Winogrand me hizo sentir como un niño

dedicado a Garry Winogrand

Este fin de semana tuve la oportunidad de visitar la exposición dedicada a Garry Winogrand. Uno de los indiscutibles grandes maestros de la fotografía. Y curiosamente, al salir de la misma, no podía contener un instinto compulsivo de fotografiar todo lo que me iba ofreciendo el posterior paseo por las calles de Madrid.

De ahí la foto con la que abro esta entrada del blog, que claro está no es de Garry Winogrand, sino una de las que realice subiendo por la madrileña calle de Alcalá. Y digo en el título que Garry Winogrand me hizo sentir como un niño, porque esa actitud me recordaba a un comportamiento típicamente infantil, cuando los amigos salíamos del cine de ver una película del mítico Bruce Lee, e íbamos por las calles intentando emularlo dando saltos y haciendo llaves de judo o yo no sé de qué, pero en cualquier caso absolutamente ridículas.

Así me sentía yo al observar ese comportamiento después de ver esta exposición. Pero al mismo tiempo, y después de reflexionar, muy agradecido a esta afición: la fotografía, y a autores como Winogrand que me hacen aún aflorar esos sentimientos, esa ilusión por descubrir y realizar cosas nuevas con un aparato tan aparentemente limitado como es, al fin y al cabo, una cámara oscura.

Winogrand ha sido uno de mis referentes fotográficos, pero tengo que confesar, que más que por sus fotografías, que empecé a comprender ya muy tardíamente, por sus pensamientos y su actitud ante la fotografía. No en vano en mi última exposición fotográfica, y en el folleto de presentación utilicé una de sus frases, con la que respondió cuando le preguntaron por qué hacía fotografías. “Para saber cómo se ve el mundo en fotografías”. Una frase que cuando la leí por primera vez hace muchos años me pareció simple y absurda, y que con la reflexión propia de los años, y la experiencia, ahora, creo que encierra todo lo que es el hecho fotográfico en el sentido más profundo.

En cuanto a la exposición hay que decir que ha sido organizada por el San Francisco Museum of Modern Art y la National Gallery of Art de Washington, y que en la sala de la Fundación Mapfre en  la calle Barbara de Braganza tiene una presentación impecable. Si acaso, habría que achacar la falta de datos de las obras, pues en la mayoría de los casos  la etiqueta que las acompaña se limita a indicar la ciudad donde se realizó y la fecha.

Las imágenes de Winogrand no son sencillas de entender, son imágenes que requieren un examen detenido, que hay que leer varias veces para sacarles su contenido, a pesar de que se trata de una fotografía directa, sin artificios, y sin ningún procesamiento. De hecho Winogrand disfrutaba principalmente cuando realizaba la fotografía, olvidando muchas veces el procesado de las mismas. De ahí que en esta exposición se muestres muchas imágenes inéditas, que ni siquiera él llego a ver, pues a su muerte dejó más de 6.500 carretes, unas 250.000 fotografías sin revelar.

Al ver la exposición se me venían a la cabeza muchos de los pensamientos que ya conocía de Winogrand, y no podía sino imaginármelo por esas calles de Nueva York disfrutando como un niño del espectáculo que tenía ante sus ojos. Y es que el mismo dijo en una ocasión:

A veces siento como si (…) el mundo
 fuera un lugar para el que he comprado
una entrada. Un gran espectáculo
 dirigido a mí, como si nada fuera a
 suceder a menos que yo estuviera allí
 con mi cámara«. (Garry Winogrand)

Aún no he dicho que la exposición estará abierta hasta el 3 de mayo, y por supuesto que la recomiendo a todo amante de la fotografía.

Y por si está exposición te parece poco, a la vuelta de la esquina, en la otra sala de la Fundación Mapfre, en el Paseo de Recoletos, y por el mismo precio, es decir gratis, tienes una magnífica exposición de pintura: “El canto del cisne”, que puede visitarse también hasta el 3 de mayo.  Y se trata de pinturas procedentes de Musée D’orsay compuesta por obras que a lo largo del siglo XIX se expusieron en el Salón de París por aquellos artistas denominados académicos, y que se caracterizaban por la vuelta a los grandes géneros de la pintura tradicional: la historia, la mitología, la religión. etc. Siempre con un gusto exquisito, según dictaban las normas más estrictas de la Academia de Bellas Artes de Paris. En ella, podemos disfrutar por lo tanto, de obras muy conocidas de autores como Cabanel, Bouguerau, o Courbet y otras no tanto, pero siempre de una calidad indiscutible.

A poco que te descuides se te pasa bien la mañana entre las dos exposiciones. Con estas oportunidades no podemos decir que el arte esté caro.

Aquí dejo los enlaces a los minisites que Mapfre ha creado para las exposiciones.

garrywinogrand

El canto del cisne

El Ruido y la Furia (Exposición fotográfica de Pablo Genoves)

Reproducción de una Invitación de la Exposición "El ruido y la Furia"

Reproducción de una Invitación de la Exposición «El ruido y la Furia»

A principio de mes estuvimos visitando (y digo estuvimos porque fue un viaje en familia) la magnífica exposición de Pablo Genovés en la Sala del Canal de Isabel II, y que estará abierta hasta el 22 de marzo. No puedo hacer mejor comentario de la exposición que el realizado por mi hija María Alcázar Soria, estudiante de cuarto curso de historia del arte, y que incluyo a continuación íntegramente:

María Alcázar Soria. Historia de la crítica del arte.

PABLO GENOVÉS

EL RUIDO Y LA FURIA. Obras del 2009-2014

De origen madrileño (1959), Pablo Genovés es un fotógrafo que inicio su carrera como artista en la década de los 90, fecha desde la cual a trabajo de manera incesante entre sus dos ciudades predilectas, Madrid y Berlín.  Durante toda su trayectoria ha explorado mediante penetrantes imágenes el concepto de realidad y memoria, empleando para ello un lenguaje propio que ha supuesto una profunda innovación formal y discursiva de los medios digitales.

La exposición, “El ruido y la furia”, donde se expone una selección de sus obras entre 2009 y 2014, parte de la predisposición del espectador como  complemento inexorable que completa y da sentido al discurso de su obra.  El visitante se transforma en un personaje más dentro de su obra,  disposición que el artista busca desde sus más antiguos trabajos pero que termina de eclosionar hasta sus series aquí expuestas: Precipitados (2008-2011), Cronología del ruido (2011-2012) y Antropoceno (2012-2014).

La selección de obras entre estas series ha corrido cargo de Alicia Murría, comisaria de la exposición, para la cual ha sido necesario el préstamo de algunas de ellas por diversas entidades y coleccionistas particulares entre los que se encuentran: la colección de arte de la Fundación Coca-Cola, Colección Leticia Torres-Solanot,  Colección Germán Olarte, Colección Sabater-López, Colección Carlota Abril, Colección Julián Castilla, Nueva Colección de Pilar Citoler, Galería Pilar Serra (Madrid), Galería Marlboroguh (Madrid), Galería Art Nueve (Murcia) y la Asociación de Coleccionistas de Arte Contemporáneo.

La muestra se expone desde el 16 de diciembre de 2014 en la Sala Canal Isabel II (Madrid), donde permanecerá hasta el 22 de marzo del año siguiente. Organizada por la Conserjería de Empleo, Turismo y Cultura y la Dirección General de Bellas Artes, su entrada es gratuita y se ofrece la posibilidad de realizar visitas guiadas previa inscripción.

El espacio de la Sala Canal Isabel II consiste en una rehabilitación como sala de exposiciones, llevada a cabo por los arquitectos Javier Alau y  Antonio Lopera, de lo que fue el antiguo depósito de agua en la calle Santa Engracia. La sala constituye hoy un espacio de referencia nacional e internacional en el mundo de la fotografía y la imagen, acogiendo de manera exclusiva obras contemporánea fotográfica o audiovisual. Distribuido en cuatro plantas, la última se destina a una sala de proyecciones, que ha motivado al artista a exponer aquí su primer trabajo en el campo del video: Otra vida, otro lugar.

Tras cruzar la puerta de acceso a la exposición,  en una antesala con una luz intermedia se nos aconseja esperar unos segundos para acomodar la vista antes de pasar al espacio que alberga la muestra, encontrándose este con una tenue luz que da un extraordinario protagonismo a la obra fotográfica iluminada con focos cenitales concentrados e independiente. Desde el comienzo, el recurso de la propia luz transmite al visitante una sensación de teatralidad y der ser partícipe del proyecto, de adentrarse en “otro mundo”, otro mundo de tiempo desconocido, perdiendo la noción de lo que ha sido y lo que puede ser.

Esta idea de negación-reafirmación del tiempo es consecuencia de la narrativa de las imágenes de Genovés, quién,  en unas descripción a grandes rasgos, focaliza su obra en la presentación de grandes espacios arquitectónicos relacionados con la cultura (ya sean teatros, bibliotecas, museos) y espacios religiosos que aparecen anegados por la furia de la naturaleza, por el mar embravecido, petrificados por los glaciales, ennegrecidos por el polvo y ocultos bajo escombros que gritan la indomable ira de la tierra que parece querer vengarse.

Los dos primeros niveles, planta baja y primera, albergan piezas de la serie  Precipitados (2008-2011), como el resto de la exposición, consisten en fotografías en blanco y negro donde algunas se acercan a la gama de los sepias. Como excepción, en la planta baja encontramos  un par de piezas que simulan ser fotografías antiguas en blanco y negro pero acuareladas en su tratamiento. Son todas ellas piezas de gran formato de entre 140×180 cm las más grandes y  65×52 cm las menores, aunque no son de formato único y cada uno presenta una medida y proporción dispar. En la selección de los primeros niveles de la exposición se muestran espacios sucumbidos, sobre todo, por las aguas y los glaciales. En la planta segunda se muestra esta misma serie, Precipitados, pero seleccionando espacios dominados por humaredas y nubes de polvo y algunas piezas de la serie Cronología del ruido (2011-2012), donde las escenas aparecen con abultadas maquinarias entre escombros, mostrando las entrañas de las anegadas arquitecturas. Esta misma serie continua en la tercera planta, la que se completa con tan solo un par de ejemplares de su última y más reciente serie Antropoceno (2012-2014) que, a diferencia de las anteriores, muestra planos detalles de, sobre todo, muestras pictóricas que aparecen sumergidas en el agua tras, lo que se intuye, ha sido una escena devastadora de la naturaleza.

Así, conforme ascendemos se completa una secuencia narrativa en la que las primeras imágenes nos han enseñado la devastación de ríos desbordados, tsunamis, terremotos o bombardeos para concluir con aquellas piezas que testifican el paso del desastre mediante la presencia de barro, piedras, escombros, desconchados…

Las imágenes se componen de antiguas fotografías, reales en algunos casos y otras que más bien parecen simularlo,  de imponentes espacios arquitectónicos, asociados al poder económico, ideológico, religioso y cultural,  a los que el autor, mediante el tratamiento digital de la imagen, ha superpuesto los elementos de devastación comentados.

Esa idea de fotografía antigua queda vislumbrada en la técnica por la presencia de mucho grano en la imagen sobre todo, además de escasez de contraste en los claro-oscuros con zonas de la imagen muy claras, mostrando la impresión un aspecto papel fotográfico antiguo que revela el paso del tiempo sobre él, narrando la imagen no solo el momento de su desastre si no el tiempo que transcurre, o que transcurrirá,  desde entonces.

Fotografías antiguas de aspecto descuidado, en las que no se ha buscado un encuadre perfecto, muestran líneas de horizonte torcidas y donde el tratamiento de la luz brilla por su ausencia al no mostrar una gama completa de grises, con ausencia de zonas oscuras y zonas incluso quemadas.

La aportación digital consiste en la superposición de los elementos de devastación descritos, aportación muy efectivista, que consigue engañarnos y transportarnos a la catástrofe. La elección del motivo devastador se compagina y mimetiza con el espacio elegido, casi como si fuese la arquitectura la que eligiese su propia catástrofe y balanceándose el resultado final entre la teatralidad y la realidad más desesperante.

Con todo lo analizado, las carencias técnicas-estéticas de lo que, se sobreentiende, es la fotografía antigua, quedan remarcadas por la impresión de la imagen en gran formato, lo que nos conduce a pensar que es un aspecto intencionado. ¿Quiere el artista destacar la antigüedad de la imagen? como así parece, ante la imagen, el espectador experimenta la sensación de contemplar algo que ya ha sucedido, que forma parte del pasado, pero sabemos a la vez que los sucesos que narran no han acontecido aún,  sucesos que además vinculamos y asociamos de manera inmediata a los peligros del futuro (la devastación del cambio climático, nuevos acontecimientos bélicos…). El pasado se funde con el futuro, perdemos la noción de que fue, que ha sido y que podrá ser. Juega así la imagen con sentimientos encontrados: lastima ante lo que aconteció, miedo hacía lo que puede acontecer y una responsabilidad presente atemporal para palia lo que fue o evitar lo que será.

El impacto, la potencia de la imagen, hacen mella en el espectador, quién se sumerge de manera irremediable en una historia sin saber si es suya o no. Quizás no conozcamos el espacio representado, de hecho ni siquiera el artista revela la ubicación, pero sabemos que son edificios que representan el poder económico, social y cultural, lo que nos lleva a asociarlos a modelos conocidos y sentirnos parte del aparato identitario.

La escena se apodera de nosotros y despierta un terror interno del que no podemos huir, que nos conduce a una inmediata reflexión, lo que es posible porque, paradójicamente, sentimos miedo pero sabemos que no es real.  La belleza de la devastación solo es posible si la vemos desde fuera.  Esta reflexión corre paralela a la idea romántica de origen kantiano del sublime dinámico, permitiéndonos hacer una comparación del sentimiento del espectador con lo que experimentaron aquellos que contemplaron el Volcán en erupción de Voltaire, el Naufragio de Turner o El Gran día de su ira de John Martín.

Pero como ya adelantamos, son imágenes efectivista pero con un componente de velocidad en la captura de la imagen.  Elementos desenfocados, perspectivas torcidas, etc. en su base de antigua fotografía, inciden de manera incesante algunas características muy cercanas al fotoperiodismo, como si quien tomó o tomará esas fotos se encontrase ante esa situación de peligro y no se detuviera en la estética final de la imagen si no en la aportación de información de la imagen como testigo. El oxímoron de esta idea residiría en que, si son imágenes por suceder, son el atisbo de lo que está por venir, pues sabemos con certeza que no sucedió, ¿por qué la imagen presenta una estética del pasado?

Tras el visionado de Otra vida, otro lugar, pieza que proyectada cada 8 min  sin interrupción en la última planta, nos podríamos más que reafirmarnos en la aspiración del artista a hacernos sentir en un tiempo sin linealidad y en un espacio sin contenedor.  Desconocemos cuando ha sucedido o sucederá lo que vemos, y nos hace desconocer el tiempo en el que vivimos, dudar de todo y, a la vez,  hacernos participes de la idea, la necesidad de cambio en el comportamiento entre el hombre y la tierra.

La perdida de la noción espacio-tiempo es una constante en la obra del artista, jugando con el concepto de memoria retrotraernos y a la vez anticiparnos. El artista juega con nuestra percepción mediante la oposición de conceptos fotográficos, como son la mezcla de técnicas del pasado con las más innovadoras tecnologías o mediante la oposición entre un supuesto fotoperiodismo del desastre y la recreación del espectador ante la belleza de la imagen. Es un juego entre lo estilístico y su analogía narrativa.  Pero eso sí, un juego que en ocasiones se nos torna aburrido por la incidencia en una misma idea mediante recursos casi gemelos entre algunas de piezas expuestas. Una reiteración de obras muy similares que se presentan unas junto a otras, sobre todo de su serie Precipitados que la comisaria podría haber remendado dedicando más espacio a la última idea del discurso expositivo, a la de mostrar los espacios tras el desastre, es decir, seleccionando alguno ejemplo más de su última serie Antropoceno, de la cual a penas si se nos muestra un par de ejemplos que no hacen justicia al resto de piezas con las que comparte secuencia.

No obstante, la exposición plantea de manera eficaz un inquietante debate entre lo fatídico y lo bello, entre el pasado y el futuro, entre lo controlable y lo incontrolable, el debate entre las fuerzas opuesta en la lucha de la relación hombre-naturaleza que nos hacen conscientes de nuestra pequeñez y a la vez de nuestro poder para cambiar el destino. Tristeza ante lo que pudo ser un fatídico final, conciencia de la importancia de vivir el momento que ahora es y  llamamiento al cambio ante lo que pueda ser.

WEBS CONSULTADAS:

–        Pablo Genoves.

–        Fundacioncanal

–        Cadadiaunfotografo

–        Circulo bellas artes

–         Madrid.org

Daimiel: Paisajes para la Solidaridad.

Programa de mano de la exposición.

Programa de mano de la exposición.

Terminada ya mi exposición: «Daimiel: Paisajes para la solidaridad» que tuvo lugar en la sala de exposiciones de la Casa de la Cultura de Daimiel, del 5 al 26 de diciembre de 2014, pongo esta entrada en el blog para dejar constancia de mi agradecimiento todos los asistentes, tanto a la inauguración como a los que posteriormente han visitado la misma, que me consta que han sido mucho. Y por supuesto mi más sincero agradecimiento a todos los que han adquirido alguna obra, sobre todo, porque como saben todo el importe recaudado de las ventas ha sido entregado a Caritas Interparroquial, institución que me consta hará de ello un buen uso entre los más necesitados.

En está ocasión y para no hablar yo mismo de mi propia exposición, a continuación transcribo el artículo que sobre la misma realizo Jesús Sánchez-Matero Gómez-Limón (historiador del arte), y que apareció en el número de Enero/2015 del periódico «Las Tablas».

El seguimiento completo de la exposición pude hacerse en este enlace.

y la siguiente página de flickr están recogidas todas las imágenes expuestas, así como fotos de la inauguración y relacionadas con la misma.

 

 

Articulo sobre la exposición de Jesús Sánchez-Matero Gómez-Limón (historiador del arte)

JOSE ANTONIO ALCAZAR, FOTOGRAFÍAS DE NUESTRO ENTORNO”

Cual vigía de nuestro paisaje manchego al que arrebata espléndidos amaneceres y expía cuando el sol sucumbe en el crepúsculo, José Antonio Alcázar Gómez del Moral (Daimiel 1962) toma la naturaleza próxima como “leitmotiv” para su primera gran presentación artística en su pueblo. Lleva años de ingente experiencia fotográfica, amplio currículo, con técnica precisa ha ido realizando infinidad de tomas en las que la calidad está mas que demostrada. Por fin, ya era hora, nos va a enseñar su interesante labor artística, por primera vez una amplia muestra de sus fotografías podrán visionarse del 5 al 26 de diciembre en la Casa de Cultura.

Los días previos al montaje de una exposición no son los mas apropiados para acercarse a un artista ya que son jornadas de intensa actividad pero Alcázar me recibe con su acostumbrada modestia teñida de nerviosismo que no traduce otra cosa que la responsabilidad que se trae entre manos. ¿Por qué “Daimiel, paisajes para la solidaridad”? inmediatamente responde “La explicación del título es que prácticamente todo lo que se mostrará será paisajes de Daimiel (no sólo de las Tablas) y porque toda la recaudación que se obtenga de la venta de las fotos se entregará íntegramente a Cáritas Parroquial de Daimiel”.

Mi segunda cuestión va relacionada con los objetivos que se ha planteado para esta primera gran introducción de su obra en Daimiel “Mi pretensión es mostrar que la diferencia entre cualquier foto de las miles que aparecen en diferentes medios y una buena fotografía, mas allá de las consideraciones estéticas, que también cuentan, claro está, es que tenga una intención, un propósito, que el autor pretenda contar algo. En mi caso, en el que el tema principal es la fotografía de naturaleza, y sobre todo de paisaje, quiero aportar mi grano de arena a la concienciación sobre la necesidad de preservar nuestros paisajes rurales: arboledas, ríos, caminos, veredas, etc. Todo ello además desde mi condición de socio de AEFONA (Asociación Española de Fotógrafos de Naturaleza), que compromete a respetar un código ético muy estricto a la hora de desarrollar la actividad fotográfica”.

Tambien me comenta que para esta muestra tendrá de Comisaria a María Alcázar Soria, una  persona que conoce y es participe de toda su obra, con ella ha elaborado y trabajado este atrayente, curioso y firme proyecto expositivo. Al interesarme por lo que veremos en estos cotidianos paisajes daimieleños me presenta una docena de instantáneas que debo reconocer me dejan absolutamente atónito: Amarillos verdosos se confunden en un negruzco cielo de inminente tormenta, alborotadas nubes parecen creadas para un paraje recién segado, emparrados plantíos de gradaciones ocres resplandecen en un firmamento de equilibrada composición, amapolas arropadas entre trigos remolinados dejan a la intemperie una gran nube teñida de azul oscuro, dobles caminos tienen como único destino un inusitado firmamento de gradaciones amarillas, ocres y blancas que enlazan un sutil azulado, surcos imposibles se refugian en el horizonte de una bellísima casilla arruinada, amapolas guarecidas en una pared de ruinoso encalado, charcos que reflejan arquitecturas totalmente identificables, niebla que baña de poesía los tarayes de Las Tablas o los imprescindibles dorados atardeceres de nuestro Parque Nacional desde una antigua barca de pescadores con un punto de fuga de azuladas nubes… Son una introducción  a las aproximadamente cincuenta obras que vamos a poder ver en esta exposición.

Otra de las facetas que domina este daimieleño es el mundo informático por eso me traslada que esta muestra presentará otra novedad “todas las fotos tendrán en su etiqueta correspondiente un código QR (también llamado BIDI) que permitirá acceder con el móvil a una página en la que se comentarán los datos de la fotografía, no sólo datos técnicos, sino comentarios que a mi me parecen interesantes sobre esa foto. Y digo que esto es importante por que con ello quiero dar categoría a la formación visual, de la que creo que estamos muy necesitados, a pesar de que vivimos en un mundo en el que somos bombardeados con millones de imágenes”.

Alcázar además me confiesa su implicación con el movimiento “only raw” y me lo explica: “es una ideología fotográfica que pretende ganar la credibilidad del espectador garantizando que las imágenes no han sido manipuladas en el procesado, y que sobre ellas sólo se han realizado los ajustes básicos del revelado que afectan a toda la escena en su conjunto. Cuando no es así, se advierte, como en un apartado de la exposición que denomino fotopinturas y que son fotografías retocadas con pinceles digitales, dando como resultado una obra gráfica, que puede tener, o no, valor artístico, pero que no puede considerarse, al menos para mi, como fotografía”. Como persona comprometida en esta primera gran muestra de su obra en Daimiel tambien quiere ser solidario “Y lo de donar la recaudación a una institución benéfica como Caritas surge como una obligación personal, para de alguna forma, devolver a la sociedad todo aquello que recibo a través de la fotografía, tantos momentos de calma de los que disfruto mientras busco los escenarios para mis fotos, y la satisfacción de ver luego conseguida la imagen que buscaba”.

Déjenme recomendarles no perderse  esta muestra de nuestro paisano. En la obra fotográfica que Alcázar nos ofrece percibimos lo ya visionado pero con la presentación insólita de una panorámica decididamente nueva, son instantáneas pensadas hasta en los mas mínimos detalles. Estamos ante paisajes de sobra conocidos pero vislumbramos un universo absolutamente novedoso, de una gran originalidad. El daimieleño se entrega con honradez a la cámara y enriquece sin duda alguna nuestro mundo de espectadores. Es admirable la indiscutible belleza que atrapa en sus instantáneas de irrefutable seriedad y firmeza técnica. Desde luego realiza fotografías nada improvisadas aunque aparentemente pueda parecernos lo contrario a primera vista. Un firme, trabajado y bien estructurado proyecto expositivo que les aconsejo no deben dejar pasar sin verlo.