Cómo positivar los negativos escaneados

En la anterior entrada: Opciones para digitalizar negativos, incluso sin escnáner. explicaba las diferentes opciones que teníamos para digitalizar negativo, o al menos las que yo he comprobado y que funcionan. Y quedaba pendiente como positivar esas imágenes escaneadas. En este nuevo vídeo se explica como hacerlo.

 

Opciones para digitalizar negativos, incluso sin escáner.

En el vídeo que muestro a continuación explico varias opciones para digitalizar negativos y diapositivas, tanto si tienes escáner como si no.

Aunque tengo un escáner con kit para digitalizar negativos y diapositivas, el máximo formato que admite son negativos de 35 mm. Ante la necesidad de escanear negativos y diapositivas de formato medio, que son con los que estoy trabajando últimamente, hice una búsqueda por Internet de las alternativas que había frente a la compra de un escáner profesional. Aquí expongo algunas de las opciones que he encontrado y con la que estoy trabajando.

En un próximo vídeo explicaré la forma de convertir la imagen negativa obtenida, tanto si se trata de blanco y negro como color, a una imagen positiva.

Espero que os sirva de ayuda.

modo «M»

_IGP2100

Hay muchas opciones de mi cámara actual, y de las que antes han pasado por mis manos, que jamás he usado. Una de ellas es la opción de la grabación de video, que hasta ahora nunca me ha interesado, y otra los modos de disparo automáticos o semiautomáticos, si quisiera eso me hubiera comprado una compacta automática. Para mi bastaría con que la cámara trajera el modo M (manual) prácticamente es el único que uso. Y animo siempre a todos los aficionados a la fotografía que  conozco a que  se acostumbren a usarlo. Es posible que en algún momento nos perdamos alguna foto, por no reaccionar a tiempo. Pero esa posibilidad queda muy compensada con la satisfacción de saber que, buena o mala, eres tú quien ha hecho la foto, obteniendo el resultado que habías previsualizado, amén de obtener unas imágenes, que la cámara con su modo frio y mecánico de actuar jamás nos hubiera permitido conseguir.

Esta imagen no tiene ningún retoque posterior. Es el raw (negativo) tal cual. Al realizarla aproveche el  contraluz para conseguir esa luminosidad especial que parece irradiar de todas partes. Seleccione unos valores de exposición por encima de lo que la cámara hubiera aconsejado, y baje un poco la temperatura del color. Esto último puedo hacerlo posteriormente en el procesado del fichero raw, pero me gusta hacerlo al disparar para tener ya una idea de si he conseguido lo que quiero, que en este caso era conseguir esa sensación de colores iridiscentes que me produjo este grupo de amapolas  a través de las que pasaban los primeros rayos de sol de la mañana.

El objetivo usado es un 90mm macro a f 2,8 de ahí la escasa profundidad de campo, que muestra un primer plano y un fondo desenfocado, lo que ahora llaman Tilt & Shift, y es que no hay nada como poner un nombre inglés a las cosas para dotarlas automáticamente adquieran  un valor superior.

Como ya dije hace poco, si coges siempre el mismo camino, siempre llegarás al mismo destino.

Model PENTAX K-5 II s
Shutter Speed 1/125 s
F-Number f/2.8
ISO ISO 200
Exposure Bias Value 0.00 eV
Metering Mode Center weighted average
Flash Off, Did not fire
Focal Length 90 mm
Date/Time Original 25/04/2015 8:22:20

¿Qúe es un instante?

¿Qué es un instante? _IGP8279

Pero…, ¿Qué es un instante? De la fotografía solemos decir que tiene la facultad de capturar un instante. De hecho, muchas veces hablamos de las fotografías como «instantáneas». Pero podríamos preguntarnos ¿Qué es un instante?. La que está considerada como la primera fotografía que se conserva «Point de vue du Gras» de Joseph-Nicéphore Niépce, necesito ni más ni menos que 8 horas de exposición. Después, y gracias en un primer lugar, a los avances en los conocimientos químicos, y más adelante con la tecnología digital, los tiempos de exposición se han ido acortando, y hoy en día, la mayoría de las fotografías que realizamos no pasan de unas centésimas de segundo, incluso milésimas.

Pero la cuestión es, ¿de qué hablamos cuando decimos que hemos capturado un instante? ¿podríamos considerar un segundo como un instante?, ¿y dos segundos?. Hay veces que decimos que una hora se nos ha pasado en un instante.

Intentando encontrar un punto de objetividad, y dado que parece ser que el ojo humano tiene, trasladado a valores fotográficos, una velocidad de obturación de 1/100 de segundo, quizás podríamos decir que un instante sería una centésima de segundo, es decir la mínima cantidad de tiempo que puede capturar el ojo humano, aunque habría que hacer la salvedad de que el ojo en realidad no captura fotografías estáticas, sino una continuidad de imágenes, más parecido a lo que sería una película.

Por lo tanto, y si actualmente las cámaras fotográficas nos permiten capturar milésimas de segundo, resulta que estamos capturando menos de un instante, algo que no llegaría a tener entidad en sí misma, pero que sin embargo la cámara fotográfica hace que signifique algo para nosotros. Gracias a este artefacto podemos capturar una cantidad de tiempo muy pequeña, que jamás podríamos apreciar a simple vista. Y la sorpresa es que los objetos siguen teniendo consistencia, vaya,  ¡que existen ! incluso en esos tiempos tan ínfimos. Esto puede parecer una perogrullada, pero los filósofos y físicos no siempre lo han tenido tan claro.

Igualmente, podríamos preguntarnos, ¿qué es lo que estamos capturando cuando dejamos el obturador abierto durante un periodo prolongado de tiempo?, durante varios segundos, minutos, o incluso horas. Lo que obtenemos, sería una suma de instantes todos juntos en una misma imagen. Y cómo nuestros conceptos de espacio y tiempo están muy unidos, nos dará la impresión que sólo ha pasado el tiempo para  aquellos objetos en los que apreciamos un movimiento, aquellos que en nuestra imagen han salido movidos.

Y eso precisamente es lo que ocurre en la imagen que hoy presento. Se trata de una fotografía que realicé hace ya varios años en las Lagunas de Ruidera, y en la que deje abierto el obturador durante 4 segundos, para conseguir en el agua el llamado entre los fotógrafos «efecto seda». Un efecto, por cierto, del que a mi entender se ha abusado, o hemos abusado hasta la saciedad. Hoy en día, no hay un web, galería, o exposición de fotógrafo de naturaleza en el que no haya una buena colección de fotografías con el efecto seda. Hasta el punto que ya tienes ganas de ver una foto con el agua clara y cristalina. Pero bueno esto es cuestión de gustos, y como siempre de no abusar de las cosas.

En el apartado técnico comentar simplemente que para conseguir estas fotos, y como ya he adelantado, el «truco» está en seleccionar en nuestra cámara una velocidad de obturación baja, con 1/2 de segundo puede ser suficiente, pero podemos alargarlo varios segundos, dependiendo del efecto más o menos exagerado que queramos conseguir. Para poder tener abierto tanto tiempo el obturador, como es normal, tendremos de alguna forma que limitar el paso de luz al sensor, y las dos armas que tenemos para esto son el ISO y el diafragma, por lo que nos veremos obligados a utilizar unos diafragmas muy cerrados y el valor ISO más bajo que nos permita nuestra cámara. Pero incluso así, en un día luminoso la cantidad de luz que llega al sensor en los 4 segundos de la imagen que pongo de muestra es excesiva, la foto saldría totalmente quemada. Tenemos que poner algo delante del objetivo que obstaculice el paso de la luz. Y aquí entran en juego los filtros de densidad neutra, o filtro ND, uno de los pocos filtros que en la era digital siguen teniendo justificada su utilización.

Para no extenderme más en este artículo, ya dedicaré otra entrada a este tipo de filtros y sus diferente nomenclaturas y posibilidades, solamente decir que mediante ellos, y gracias a que obstruyen el paso de la luz, podemos alargar la exposición 1 paso más (es decir como si disminuyéramos la velocidad a la mitad), 2 pasos más, e incluso hasta 10 pasos. Y eso sin alterar prácticamente los valores cromáticos de la imagen, siempre claro está, que el filtro sea de una calidad contrastada.

Hay quien me pregunta si estas fotos se podrían hacer con un móvil. Pues claro que sí. Actualmente hay aplicaciones para los móviles que nos permiten controlar la velocidad de obturación, y esto es todo lo que necesitamos. En cuanto al filtro, podemos improvisar fácilmente, si es que no existe ya, algún sistema para fijarlo en el móvil, y en última instancia siempre podemos aguantarlo con la mano, delante del objetivo, mientras se realiza la toma, pues no  hay ningún problema si el filtro se mueve un poco.

Ni que decir tiene que lo que siempre vamos a necesitar es el uso de un trípode, o de algún sistema que nos permita fijar la cámara o móvil durante el tiempo que dura la exposición.

También hay quien me comenta que no siempre cuento todo sobre la forma en que la que he realizado las fotos, y es cierto que a veces me centro en la explicación de un apartado en concreto que es al que dedico esa entrada, y no explico otras cosas por no hacerlo demasiado pesado. En este caso simplemente apuntar que para conseguir ese tono azulado, que no era el que había en la escena, pues la imagen la realice a las 6 de la tarde, hay que poner en la cámara el balance de blancos en manual seleccionando un valor bajo, de unos 3500º, o el equivalente más o menos a luz de tungsteno para aquellos cuya cámara no les de los valores numéricos. Eso si disparas en formato JPG, si lo haces en formato RAW, esto podrás ajustarlo posteriormente.

Y bueno, como creo que esta entrada ya ha durado más de un instante, tal como digo, dejo el tema de los filtros ND para otro artículo más técnico, deseándoos a todos que tengáis hoy muy buenos instantes.

El ojo del fotógrafo (de Michael Freeman)

Portada del libro de Michael Freeman "El ojo del fotógrafo"

Portada del libro de Michael Freeman «El ojo del fotógrafo»

«El ojo del fotógrafo» de Michael Freeman está dedicado al importantísimo, y  complejo tema de la composición en fotografía. Y lo hace a mi entender con un nivel muy adecuado tanto para el profano en la materia, como el que ya está de alguna forma introducido en el lenguaje fotográfico. No es uno de esos libros sesudos en los que se repasan uno a uno los conceptos de composición de la Bauhaus, ni se analizan detalladamente los principios de percepción gestálticos. Ni siquiera llega a abordar el tema con el detenimiento de otras obras como el magnífico libro de José B. Ruiz «Composición en fotografía». Pero toca todos los temas relacionados con la composición, desde un estilo muy claro y didáctico.

Comienza analizando el encuadre como punto de partida fundamental a la hora de disparar nuestra cámara y continua con los conceptos que configuran la base del diseño: el equilibrio, la tensión dinámica, peso visual, etc. Por supuesto nos muestra cuales son los elementos gráficos con los que se construye una imagen: el punto, los diferentes tipos de líneas, las curvas, los triángulos, etc. Y claro está, las reglas sintácticas que nos permite unirlos y jugar con ellos para expresar aquello que queremos, mediante el enfoque, los diferentes planos, la perspectiva, el ritmo, el orden, y tantos y tantos conceptos a cual más importante. Se trata también la importancia de la luz y el color en la composición, a pesar de que este autor tiene otra obra, que aún no he leído, dedicada más de lleno a esta apartado. Y para concluir dos capítulos dedicados a los diferentes propósitos o formas de abordar la obra fotográfica y lo que sería el proceso fotográfico, desde la caza fotográfica hasta la postproducción. A mi entender estos dos últimos temas son tratados de forma algo más generalista y con menos profundidad, pero realmente son aspectos más opinables y que determinan la diferente forma de abordar la fotografía por cada fotógrafo.

Un libro de unas 200 páginas, de formato cuadrado 24×24, lo suficiente para ver con tamaño más que aceptable las imágenes que nos muestra como ejemplo, pero muy manejable, y lo digo porque otros libros que abordan este tema, o bien tienen unos tamaños descomunales, difíciles de manejar, o son muy pequeñitos sin apenas fotografías de muestra que ayuden a comprender los conceptos.

En resumen uno buen libro sobre la composición en fotografía, y para mi gusto el mejor libro de los que he visto de este autor. Desde luego es uno de los libros que recomendaría a alguien que está empezando a tener inquietudes fotográficas, y quiera familiarizarse desde el principio con la composición.

Por cierto que su precio, nuevo, es de menos de 25 €, un precio bastante razonable para su calidad, en cuanto a contenido y presentación.